viernes, 7 de enero de 2011

COMPETITIVIDAD DE LAS ORGANIZACIONES

Dr. Edwin Uribe Pomalaza
Presidente CONEACES


La tendencia en el mundo actual, está orien­tada hacia la mejora de la competitividad de las organizaciones y ello se logra estableciendo lineamientos y parámetros que permitan ejecutar adecuadamente los procesos, con la finalidad de obtener resultados de calidad. Este último térmi­no, del cual se habla y escribe desde la década de los 50, es resaltado por Edwards 
, el artífice de la reconstrucción de Japón, aportando al modelo, 14 principios básicos para desarrollar la gestión eficiente, varios de ellos orientados a la reflexión, el compromiso y la integración, refe­rido fundamentalmente a la participación de las personas, puesto que de ello dependerá el desa­rrollo de toda la organización.
Sin duda Edwards Deming acertó con esta posición, porque los procesos, la tecnología y la infraestructura, no son lo único, ellos requieren de la dinámica que imprimen todos los integrantes de una Institución, puesto que de lo contrario la inercia determinará la ineficiencia, la mediocridad y en consecuencia el colapso de la misma.
En el ámbito de las Instituciones de Educación Superior, muchos de los princi­pios de Edwards Deming y otros se deberían aplicar, máxime tratándose de un rubro tan importante como la formación de profesionales, la cual implica integrar tres dimensiones; técnica, personal y social. La primera buscando la trasmisión de conocimiento del más alto nivel, la segunda buscando el desarrollo de sólidos valores para el ejercicio profesional, y la tercera, interiorizar la sensibilidad para ser justo y equitativo.
Pero para fomentar una cultura de calidad en la formación de los estudiantes, es importante que quienes dirigen la Institución, establezcan una filosofía de Ca­lidad, que se identifiquen con la misma y que la practiquen. Del mismo modo, los docentes deben estar involucrados con esta filosofía, al punto que se constituya en un estilo de vida en el día a día y que los trabajadores de apoyo, también com­prendan que su participación para alcanzar la calidad no es menos importante, sino que es también esencial.
En consecuencia, alcanzar la calidad educativa implica voluntad, integración, compromiso, convicción y persistencia, elementos emblemáticos que deben pro­venir de las personas, complementándolo con su capacidad y desempeño de ca­lidad. Tal como lo expresa Konrad Lorenz en su obra: “La otra Cara del Espejo”, “Es importante que las personas integren el saber, el querer y el poder en cada acción, vale decir, saber, en términos de conocimiento; querer, en relación a la voluntad y motivación por hacer las cosas; y poder, respecto a las posibilidades que tiene de hacerlas, concluyéndose que la base de la calidad depende de las personas.

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